Trauma complejo: qué es, cómo se manifiesta y cómo se trata

No todo trauma nace de un único acontecimiento. A veces lo que deja huella no es un momento concreto, sino algo que se repitió durante mucho tiempo: crecer en un hogar donde no te sentías a salvo, vivir con miedo, sentirte invisible, o depender de alguien que también te hacía daño. A esto lo llamamos trauma complejo.

Muchas personas con trauma complejo no se identifican con la palabra «trauma». Sienten que «no les pasó nada tan grave», y sin embargo arrastran ansiedad, dificultades en las relaciones o una sensación constante de no ser suficiente. En este artículo te explicamos qué es el trauma complejo, cómo se manifiesta en la vida adulta y cómo se trabaja en terapia.

¿Qué es el trauma complejo?

El trauma complejo es la huella que dejan experiencias adversas repetidas o prolongadas, sobre todo cuando ocurren en la infancia y dentro de las relaciones de las que dependíamos. No se trata de un único golpe, sino de un goteo: muchas experiencias que, una a una, quizá no parecían graves, pero que se fueron acumulando en un momento de la vida en el que no teníamos recursos para protegernos ni para entender lo que pasaba.

Desde una mirada informada en trauma, lo que define el trauma no es lo grave que parezca un acontecimiento visto desde fuera, sino el impacto que tuvo en quien lo vivió: si se sintió solo, desbordado o sin salida, y si hubo alguien que pudiera ayudarle a reparar ese momento. Por eso, en terapia EMDR se habla también de experiencias que no ponen en peligro la vida, pero que dejan una huella profunda: humillaciones repetidas, críticas constantes, sentirse invisible o no sentirse querido tal como uno era.

El estudio ACE (Adverse Childhood Experiences), uno de los más amplios realizados sobre este tema, analizó la infancia de más de 17.000 personas adultas en Estados Unidos. Además del maltrato, incluyó experiencias mucho más cotidianas, como:

  • La negligencia emocional: no sentirse visto, consolado ni acompañado.
  • Crecer con un padre o una madre con depresión u otro problema de salud mental.
  • Convivir con problemas de alcohol o de otras sustancias en casa.
  • Presenciar violencia entre los adultos de la familia.
  • La separación o el divorcio de los padres.
  • Tener a un familiar en prisión.

Los resultados mostraron dos cosas importantes. La primera, que estas experiencias son muy frecuentes: cerca de dos de cada tres personas habían vivido al menos una. La segunda, que cuantas más se acumulaban, mayor era la probabilidad de tener dificultades de salud física y emocional en la vida adulta.

Conviene leer estos datos con cuidado. El estudio describe tendencias en poblaciones, no destinos individuales: haber vivido experiencias adversas no determina cómo será la vida de nadie. Investigaciones posteriores han mostrado que las experiencias positivas en la infancia, como sentirse escuchado por la familia o tener un adulto de confianza fuera de casa, protegen de forma significativa la salud mental adulta. Lo que más pesa no es solo lo que ocurrió, sino también lo que faltó: la presencia de alguien que pudiera sostener y reparar.

Por eso, muchas personas con trauma complejo no recuerdan nada «grave». A veces lo que dejó huella fue lo que no pasó: el consuelo que no llegó, la atención que no hubo, la emoción que no se pudo expresar.

Diferencias entre trauma complejo y estrés postraumático

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) suele asociarse a un acontecimiento concreto, como un accidente, una agresión o una catástrofe. Sus síntomas principales son revivir lo ocurrido, evitar lo que lo recuerda y vivir en estado de alerta.

La Organización Mundial de la Salud reconoce en la CIE-11 el TEPT complejo, que incluye esos síntomas y además dificultades en tres áreas:

  • La regulación emocional: emociones muy intensas o, al contrario, sensación de anestesia.
  • La imagen de uno mismo: vergüenza, culpa o sentirse defectuoso o sin valor.
  • Las relaciones: dificultad para confiar, para sentirse cerca de otras personas o para mantener vínculos estables.

No hace falta un diagnóstico para que el trauma complejo esté presente. Muchas personas viven con sus efectos sin haberle puesto nunca nombre.

Síntomas del trauma complejo en la vida adulta

El trauma complejo puede manifestarse de formas muy distintas. Algunas de las más habituales son:

  • Ansiedad constante o sensación de estar siempre en guardia (hipervigilancia).
  • Emociones que se desbordan con facilidad, o dificultad para sentir.
  • Sensación de desconexión de uno mismo, del cuerpo o de lo que pasa alrededor (disociación).
  • Vergüenza profunda, autocrítica feroz o sensación de no merecer.
  • Miedo al abandono o, al contrario, necesidad de mantener la distancia.
  • Relaciones que repiten patrones dolorosos.
  • Dificultad para poner límites o para pedir ayuda.
  • Síntomas físicos sin causa médica clara: cansancio, dolores, problemas digestivos.
  • Sensación de que «algo no está bien en mí», sin saber explicar el qué.

Si te reconoces en varios de ellos, no significa que estés rota o roto. Muchas de estas reacciones fueron, en su momento, la mejor forma que encontraste de sobrevivir. El problema es que siguen activas cuando ya no son necesarias.

Cómo afecta el trauma complejo a las relaciones

Cuando las personas que debían cuidarnos fueron también fuente de miedo o de dolor, aprendemos que acercarse es peligroso. En la vida adulta, esto puede traducirse en dificultad para confiar, en miedo a la intimidad o en relaciones donde se repite lo conocido. Lo explicamos con más detalle en el artículo sobre cómo el trauma complejo afecta a las relaciones.

Cómo se trata el trauma complejo

El tratamiento del trauma complejo no es rápido, pero es posible. Las guías clínicas internacionales recomiendan un abordaje por fases:

  • Estabilización: crear seguridad, fortalecer la relación terapéutica y desarrollar recursos para regular las emociones y el cuerpo. En el trauma complejo, esta fase es esencial y no debe apresurarse.
  • Procesamiento: trabajar los recuerdos y experiencias que siguen activos, de forma gradual y dentro de lo que la persona puede sostener.
  • Integración: reconstruir la relación con uno mismo y con los demás, y recuperar espacio para la vida presente.

Entre los enfoques más utilizados están la terapia EMDR, que ayuda a procesar recuerdos que siguen cargados emocionalmente, y el modelo IFS, que trabaja con las distintas partes de nosotros que se organizaron para protegernos. En todos los casos, el vínculo terapéutico es la base: sentirse seguro con quien te acompaña ya es parte del tratamiento.

¿Cuándo pedir ayuda?

Puede ser buen momento para buscar acompañamiento si:

  • Sientes que tu historia sigue condicionando tu presente aunque «ya haya pasado».
  • Repites patrones en tus relaciones que te hacen daño.
  • Te cuesta regular lo que sientes o te sientes desconectada o desconectado a menudo.
  • Has hecho terapia antes y sientes que algo quedó sin tocar.

No necesitas tener claro qué te pasa para pedir ayuda. Ponerle palabras es, muchas veces, parte del proceso.

Acompañamiento especializado en trauma complejo

En el espacio colaboran psicólogas y psicólogos sanitarios formados en trauma complejo y EMDR, cada uno con su forma de integrar otros enfoques. Atienden de forma presencial en Barcelona y online, también a personas hispanohablantes que viven fuera de España. Puedes conocer a cada profesional o escribirnos y te orientamos sobre quién puede acompañarte mejor.

Si tienes pensamientos de hacerte daño, llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. En caso de emergencia, llama al 112.

Para saber más

  • Herman, J. L. (1992). Trauma y recuperación. Espasa.
  • Organización Mundial de la Salud (2019). CIE-11: Trastorno de estrés postraumático complejo (6B41).
  • Cloitre, M. et al. (2012). The ISTSS Expert Consensus Treatment Guidelines for Complex PTSD in Adults. International Society for Traumatic Stress Studies.
  • Van der Hart, O., Nijenhuis, E. y Steele, K. (2008). El yo atormentado. Desclée de Brouwer.
  • Felitti, V. J. et al. (1998). Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245-258.
  • Bethell, C. et al. (2019). Positive childhood experiences and adult mental and relational health in a statewide sample. JAMA Pediatrics, 173(11), e193007.
  • Shapiro, F. (2018). Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) Therapy: Basic Principles, Protocols, and Procedures (3.ª ed.). Guilford Press.
Imagen de Patricia Cabrera

Patricia Cabrera

Psicóloga sanitaria colegiada (nº 17.349) especializada en trauma. Terapeuta EMDR con Nivel II acreditado por la Asociación EMDR España y nivel I en el abordaje IFS. Integro EMDR e IFS en mi práctica en Barcelona y online.

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