El abuso sexual infantil (ASI) es una de las experiencias adversas más devastadoras que un niño puede sufrir, dejando secuelas profundas que pueden perdurar hasta la adultez. Comprender el origen y las características de este tipo de abuso es esencial para su prevención y para brindar apoyo efectivo a las víctimas. El impacto del abuso sexual infantil en la vida adulta es real y es necesario abordarlo.
El estudio ACE y el impacto de las experiencias adversas en la infancia
En la década de 1990, los doctores Vincent Felitti y Robert Anda realizaron el Estudio de Experiencias Adversas en la Infancia (ACE, por sus siglas en inglés), con más de 17.000 participantes. Este estudio reveló que existe una relación directa entre la cantidad de experiencias adversas en la infancia y diversos problemas de salud en la adultez. El cuestionario ACE evalúa diez tipos de adversidades, incluyendo abuso físico, emocional y sexual, así como negligencia y disfunciones familiares.
Los hallazgos fueron alarmantes: aquellos que puntuaban cuatro o más en el cuestionario ACE tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar enfermedades crónicas, trastornos de salud mental y comportamientos autodestructivos. También se observó una reducción en la esperanza de vida y una mayor probabilidad de experimentar dificultades en las relaciones interpersonales.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de abordar las secuelas del ASI de manera integral, dado que los traumas no procesados afectan profundamente la salud física y emocional en la adultez.
El agresor cercano y el trauma por traición
Contrario a la creencia popular que asocia el abuso infantil con extraños, la realidad muestra que en la mayoría de los casos, el perpetrador es alguien cercano al niño. Según datos de Save the Children, en 8 de cada 10 casos de abusos sexuales a menores, el agresor es una persona del entorno familiar o conocida del niño. Esta proximidad no solo facilita el acceso al menor, sino que también complica la detección y denuncia del abuso debido a la confianza y dependencia existentes.
El concepto de trauma por traición, introducido por la psicóloga Jennifer Freyd en 1994, describe el daño psicológico que ocurre cuando una persona en quien se confía y de quien se depende viola esa confianza mediante el abuso. Esta traición no solo genera el trauma propio del abuso, sino que añade una capa adicional de dolor debido a la ruptura de la confianza fundamental en una relación de apego.
Freyd sostiene que, en situaciones donde el cuidador es el perpetrador, la víctima puede desarrollar mecanismos de defensa como la disociación o el bloqueo de recuerdos para preservar la relación y asegurar su supervivencia. Este mecanismo puede dificultar la identificación y el tratamiento del trauma, ya que los recuerdos pueden estar reprimidos o fragmentados.
Secuelas del abuso en la adultez
Las experiencias de abuso en la infancia pueden manifestarse en la adultez de diversas formas, incluyendo:
- Trastornos de ansiedad y depresión: Las víctimas de ASI tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental.
- Problemas de autoestima y autoimagen: Sentimientos de vergüenza, culpa y una percepción negativa de sí mismos son comunes.
- Dificultades en las relaciones interpersonales: Problemas de confianza y miedo a la intimidad pueden afectar las relaciones.
- Trastornos disociativos: La desconexión emocional y la fragmentación de la identidad pueden ser secuelas del abuso.
- Problemas con la regulación emocional: Dificultad para gestionar emociones intensas es frecuente en sobrevivientes de ASI.
Enfoques terapéuticos basados en la evidencia
La recuperación del trauma por abuso sexual infantil es posible mediante intervenciones terapéuticas adecuadas. Algunos enfoques respaldados por la evidencia científica incluyen:
- Terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares): Esta terapia se centra en reprocesar recuerdos traumáticos para reducir su impacto emocional.
- Terapia IFS (Internal Family Systems): Este enfoque ayuda a las personas a identificar y trabajar con diferentes «partes» internas que han sido afectadas por el trauma, promoviendo la integración y sanación emocional.
Es fundamental que las víctimas busquen profesionales de la salud mental especializados en trauma y abuso sexual infantil para recibir un tratamiento adecuado y personalizado.
Superando el estigma y buscando apoyo
El estigma y el silencio que rodean al abuso sexual infantil pueden ser barreras significativas para la recuperación. Fomentar un entorno de apoyo, comprensión y libre de juicios es esencial para que las víctimas se sientan seguras al compartir sus experiencias y buscar ayuda.
Si tú o alguien que conoces ha sido víctima de abuso sexual infantil, es crucial buscar apoyo profesional especializado. La recuperación es un camino posible, y no estás solo/a en este proceso. El impacto del abuso sexual infantil en la vida adulta es posible procesarlo para sanar.
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Referencias bibliográficas
- Felitti, V. J., Anda, R. F., Nordenberg, D., Williamson, D. F., Spitz, A. M., Edwards, V., … & Marks, J. S. (1998). *Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study*. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245-258.
- Freyd, J. J. (1996). *El trauma por traición: La lógica de olvidar el abuso infantil*. Morata.
- Shapiro, F. (2004). *EMDR: Principios, protocolos y procedimientos*. Editorial Desclée de Brouwer.
- Van der Kolk, B. A. (2015). *El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma*. Eleftheria.
- UNICEF